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En la madrugada del 4 de enero de 2026, SpaceX realizó un lanzamiento impecable desde Florida, enviando 29 satélites Starlink a órbita baja terrestre. Este evento no solo representa el segundo despegue del año para la compañía de Elon Musk, sino que refuerza su ambiciosa meta de proporcionar internet de alta velocidad a todo el planeta, especialmente en zonas rurales y de difícil acceso.
El Falcon 9, un cohete reutilizable que ha revolucionado la industria espacial, despegó con precisión y completó la misión sin contratiempos. El despliegue de los satélites se confirmó poco después, sumándose a una constelación que ya supera los 6.000 unidades activas. Según SpaceX, Starlink ha conectado a millones de usuarios en más de 100 países, reduciendo la brecha digital y habilitando aplicaciones como educación remota, telemedicina y comercio en línea en regiones sin grandes capacidades de conexión por tierra.
Este lanzamiento sigue al exitoso CSG-3 del día anterior, demostrando la capacidad operativa de SpaceX para mantener una cadencia alta de misiones. En contexto histórico, Starlink surgió de la visión de Musk en 2015, evolucionando de prototipos a una red operativa que compite con proveedores tradicionales. Citas de expertos, como el analista espacial Tim Farrar, destacan: «Starlink no solo es tecnología; es un catalizador para el cambio social global».
Además, el proyecto enfrenta desafíos regulatorios y ambientales, como preocupaciones por la contaminación lumínica para astrónomos, pero SpaceX ha implementado medidas como visores solares en satélites para mitigar impactos. Este avance subraya el rol de la iniciativa privada en la exploración espacial, pavimentando el camino para futuras misiones a Marte y más allá.