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Cuando pensamos en un satélite alrededor de la Tierra, solemos imaginarlo “flotando” en el espacio. Sin embargo, la realidad es mucho más interesante: un satélite en órbita está cayendo constantemente, pero lo hace de una manera tan precisa que nunca llega a tocar la superficie del planeta.
La gravedad: el motor invisible
La Tierra ejerce una fuerza gravitatoria que atrae a cualquier objeto cercano hacia su centro. Un satélite no es la excepción: la gravedad siempre está tirando de él hacia abajo.
Si no existiera ningún otro factor, el satélite caería directamente al planeta.
La clave está en la velocidad
Lo que evita esa caída es la enorme velocidad horizontal con la que el satélite se desplaza.
Al avanzar tan rápido, mientras cae debido a la gravedad, la superficie curva de la Tierra se va “alejando” bajo él.
El resultado es un movimiento continuo en el que el satélite:
- Cae hacia la Tierra
- Pero siempre “falla” el suelo
Eso es exactamente lo que llamamos órbita.
Una analogía clásica es imaginar una piedra lanzada desde una montaña:
cuanto más fuerte se la arroja, más lejos cae. Si la velocidad fuera suficiente, nunca tocaría el suelo.
Un delicado equilibrio
La órbita existe gracias al equilibrio entre dos factores fundamentales:
- Gravedad → atrae al satélite hacia la Tierra
- Velocidad orbital → lo impulsa hacia adelante
Cuando ambos se compensan, el satélite sigue una trayectoria estable, que puede ser circular o elíptica.
¿Por qué no se frena?
En el espacio casi no hay aire, por lo que:
- No existe rozamiento significativo
- El satélite no pierde velocidad rápidamente
Esto permite que pueda permanecer en órbita durante años o incluso décadas.
En las órbitas más bajas, donde aún hay restos de atmósfera, el satélite se frena lentamente y necesita correcciones periódicas para no reingresar.
La altura también importa
La velocidad necesaria depende de la distancia a la Tierra:
- Órbita baja: requiere mayor velocidad
- Órbita alta: requiere menor velocidad
Por ejemplo:
- Órbita baja terrestre: ~7,8 km/s
- Órbita geoestacionaria: ~3,1 km/s

En pocas palabras
Un satélite se mantiene en órbita porque:
- La gravedad lo hace caer
- Su velocidad hace que siempre se desplace hacia adelante
- La combinación de ambos efectos crea un movimiento estable alrededor de la Tierra
Lejos de estar suspendidos, los satélites son un ejemplo perfecto de cómo las leyes de la física gobiernan el movimiento en el espacio.