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En el imaginario colectivo, la astronomía suele asociarse a datos, instrumentos y explicaciones técnicas. Sin embargo, existen propuestas que amplían ese marco y usan el cielo como una puerta a la reflexión, la emoción y el vínculo humano.
Una de ellas es La chica del telescopio, el proyecto creado por Sheila, que combina ciencia, arte, juego y conciencia ambiental en experiencias de astroturismo con una identidad propia.
Un origen íntimo y personal
El proyecto nace de una relación directa con el cielo: observarlo, escucharlo y tratar de comprender qué tiene para decir. Tras una primera experiencia asociativa y diferencias de enfoque, Sheila decide abrir su propio camino y dar forma a La chica del telescopio, con una mirada profundamente personal sobre la divulgación astronómica.
El astroturismo como excusa para reconectar
La motivación central es la curiosidad y el deseo de compartir. Para Sheila, el astroturismo no es un producto turístico tradicional, sino una herramienta para reconectar con nuestra escala real:
una especie pequeña habitando un universo inmenso.
Desde ese lugar, el cielo se transforma en un disparador para replantearnos quiénes somos y cómo habitamos el planeta.

Experiencias que no son charlas
Las actividades no se presentan como visitas guiadas ni clases formales. Sheila las define como viajes:
- Observación real con telescopios
- Ciencia explicada con lenguaje accesible
- Espacios de silencio y contemplación
- Humor, poesía y juego
- Participación activa del público
El objetivo no es solo aprender, sino sentirse parte del cielo por unas horas.
Qué se busca generar en quienes participan
El impacto buscado es emocional y reflexivo. Que la experiencia movilice, relativice preocupaciones cotidianas y deje preguntas abiertas:
- ¿Qué hago con este pedacito de universo que me tocó habitar?
- ¿Cómo lo cuido?
- ¿Cómo aprovecho esta vida breve, este instante?
Una propuesta diferente
La singularidad del proyecto está en que no vende únicamente astronomía ni ciencia dura. Ofrece una experiencia humana a través del cosmos, usando el universo como espejo para hablar de vínculos, identidad, futuro y cuidado del planeta.

Teatro, ambiente y divulgación
Su formación en teatro aporta narrativa, emoción y puesta en escena.
La conservación ambiental suma urgencia y responsabilidad.
El cruce de ambas disciplinas genera actividades donde conviven el asombro y el compromiso con lo que nos rodea.
El juego como herramienta central
El juego ocupa un rol clave porque baja defensas y abre la puerta al aprendizaje profundo. Al jugar, recuperamos la curiosidad, la vulnerabilidad y la conexión con la infancia: la base de toda ciencia.
Historias que acompañan el cielo
En las salidas conviven mitos de pueblos originarios, relatos de la mitología griega y anécdotas reales de personas que ya vivieron la experiencia. El cielo se narra desde múltiples voces y tiempos.
“Servidora del cosmos”
Sheila se define como un puente entre el universo y el ser humano. Ser servidora del cosmos implica recordar que somos polvo de estrellas, pero con responsabilidad terrestre.
El momento más valioso de divulgar
Ese instante en que alguien mira por un telescopio por primera vez: el suspiro, la emoción, el silencio absoluto.
Ahí, el mundo se detiene.

Mirar arriba sin dejar de mirar alrededor
El proyecto integra acciones solidarias porque la contemplación del universo no tiene sentido si se ignora a quienes tenemos cerca. El cielo enseña que hay lugar para todos, arriba y acá abajo.
El futuro: el cielo para todas las infancias
El objetivo a largo plazo es claro: llevar el telescopio a todas las infancias, especialmente a las más vulnerables. Que chicos y chicas crezcan mirando el cielo, incluso en contextos donde el acceso al conocimiento y la cultura suele estar limitado.
Fuente: entrevista directa a Sheila, creadora de La chica del telescopio.
Seguila en su IG: https://www.instagram.com/lachicadeltelescopio/