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Lanzadas en 1977, las sondas Voyager 1 y 2 de la NASA representan uno de los mayores logros de la exploración espacial, viajando más allá de nuestro sistema solar y enviando datos invaluables durante casi cinco décadas.
Diseñadas originalmente para estudiar Júpiter y Saturno, las Voyager aprovecharon una alineación planetaria rara cada 176 años para extender su misión a Urano y Neptuno. Voyager 1, lanzada el 5 de septiembre de 1977, se enfocó en Júpiter y Saturno, mientras Voyager 2, lanzada el 20 de agosto, visitó los cuatro gigantes gaseosos.
Las sondas revelaron volcanes en Ío (luna de Júpiter), atmósferas complejas en Titán (Saturno), géiseres en Tritón (Neptuno) y anillos inesperados en Urano. En 2012, Voyager 1 entró en el espacio interestelar, seguida por Voyager 2 en 2018, midiendo plasma, rayos cósmicos y campos magnéticos fuera de la heliosfera.

A diciembre de 2025, Voyager 1 está a 24.5 mil millones de km de la Tierra (163 UA), y Voyager 2 a 20.5 mil millones de km. Ambas operan con energía nuclear decayendo, pero continúan enviando datos semanales. La NASA estima que durarán hasta 2030.
Cada sonda lleva un Disco de Oro con sonidos e imágenes de la Tierra, un mensaje para posibles civilizaciones extraterrestres. Como dijo Carl Sagan, impulsor del proyecto: «Las Voyager son nuestra carta de presentación al universo».
Estas pioneras inspiran generaciones, recordándonos que la curiosidad humana no tiene límites. En Astro Vanguardia, celebramos su legado eterno.