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Lanzada en 1977 por NASA, la sonda Voyager 1 se ha convertido en el objeto hecho por humanos más distante de la Tierra, viajando a más de 24 mil millones de kilómetros en el espacio interestelar. Diseñada inicialmente para estudiar Júpiter y Saturno, superó expectativas al capturar imágenes icónicas de sus lunas y anillos, revelando volcanes en Io y atmósferas complejas en Titán. En 1990, giró su cámara para tomar el famoso «Pálido Punto Azul», una foto de la Tierra como un diminuto píxel, inspirando reflexiones sobre nuestra fragilidad, como dijo Carl Sagan: «Ese punto es aquí. Ese es nuestro hogar. Somos nosotros».

Hoy, en 2025, Voyager 1 sigue enviando datos sobre el viento solar y partículas cósmicas, aunque con baterías menguantes que durarán hasta 2030. Su Disco de Oro, con sonidos y imágenes de la humanidad, es un saludo eterno a posibles civilizaciones extraterrestres. Esta misión no solo expandió nuestro conocimiento planetario, sino que simboliza la curiosidad humana inagotable. Un avance científico que pavimenta el camino para futuras sondas como New Horizons.