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La NASA, bajo la dirección del administrador Jared Isaacman, ha anunciado una colaboración estratégica con el Departamento de Energía de Estados Unidos para tener operativo un reactor nuclear en la superficie lunar antes de 2030. Esta iniciativa, parte del programa Artemis, busca proporcionar una fuente de energía fiable y continua para futuras misiones tripuladas y bases permanentes, superando las limitaciones de los paneles solares en entornos lunares con noches de 14 días terrestres.

Históricamente, la energía nuclear ha sido clave en exploraciones espaciales, como en las misiones Voyager y Curiosity, donde generadores de radioisótopos han alimentado sondas durante décadas. Ahora, este reactor fission-based representaría un salto cualitativo, con potencia estimada en decenas de kilovatios, suficiente para sostener operaciones científicas, extracción de recursos y hábitats. Isaacman, en declaraciones recientes, enfatizó: «Estaremos antes de lo previsto, impulsando la economía lunar y orbital». El proyecto involucra licitaciones a empresas como Westinghouse y Lockheed Martin, con pruebas terrestres programadas para 2027.
Este avance no solo fortalece la posición de EE.UU. en la carrera lunar frente a competidores como China, sino que abre puertas a aplicaciones en Marte y más allá. Sin embargo, plantea desafíos en seguridad radiológica y transporte, que la NASA aborda con estándares internacionales.