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El Hubble revela la fusión más antigua de la Vía Láctea: una galaxia enana absorbida hace 11.800 millones de años

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Nuevos datos del telescopio espacial Hubble confirman que nuestra galaxia “devoró” una galaxia enana llamada LKH apenas 2.000 millones de años después del Big Bang. El hallazgo extiende la historia conocida de la Vía Láctea casi 1.800 millones de años hacia atrás.

La Vía Láctea no nació completa. Como casi todas las galaxias grandes, creció a lo largo de miles de millones de años formando estrellas propias y, sobre todo, “tragando” galaxias más pequeñas que caían en su atracción gravitatoria. Hasta hace poco, la fusión más antigua confirmada era la de Gaia-Sausage-Enceladus, ocurrida hace unos 10.000 millones de años.

Ahora, un equipo liderado por Davide Massari (Observatorio de Astrofísica y Ciencia Espacial de Bolonia, Italia) encontró evidencia definitiva de un evento todavía más temprano. Utilizando el telescopio espacial Hubble de la NASA y la ESA, los astrónomos estudiaron 39 cúmulos globulares —agrupaciones densas y esféricas de cientos de miles o millones de estrellas antiguas— ubicados en los 20.000 años luz interiores de nuestra galaxia.

Los cúmulos globulares funcionan como “fósiles cósmicos”. Sus estrellas se formaron casi al mismo tiempo y conservan la edad y la composición química (metalicidad) de la galaxia en la que nacieron. Al combinar las imágenes de alta resolución del Hubble con los datos de movimiento del satélite Gaia de la ESA, el equipo identificó tres poblaciones distintas:

  • Cúmulos nacidos en la propia proto-Vía Láctea.
  • Cúmulos traídos por la fusión de Gaia-Sausage-Enceladus.
  • Una tercera población intermedia en edad y metalicidad que solo puede explicarse por una fusión anterior.

Esa tercera población pertenece a una galaxia enana a la que bautizaron Low-energy-Kraken-Heracles (LKH). Contaba con una masa estelar equivalente a unos 500 millones de soles: una fracción importante de la masa que tenía la joven Vía Láctea en aquella época. La colisión y fusión ocurrió hace aproximadamente 11.800 millones de años.

“Nuestra casa es la Vía Láctea, pero no sabíamos cómo se construyó. En este trabajo descubrimos de dónde vinieron los primeros ladrillos importantes”, explicó Massari. El estudio se publicó el 17 de agosto de 2026 en la revista Nature Astronomy.

El resultado obliga a revisar los modelos de formación de nuestra galaxia: en sus primeras etapas ya incorporaba material de otras galaxias, no solo estrellas formadas localmente. Futuras observaciones del Hubble y del telescopio espacial James Webb permitirán mapear con más detalle todos los eventos de fusión que dieron forma a la Vía Láctea que vemos hoy.

Conocer cómo se construyó la Vía Láctea nos ayuda a entender el origen de los elementos químicos que forman los planetas y la vida, y a interpretar mejor las galaxias lejanas que observamos en el universo temprano. Cada fusión antigua es una pieza del rompecabezas de cómo las galaxias crecen y evolucionan a lo largo de casi toda la historia del cosmos.

Fuentes científicas

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