Saltar al contenido

Astro Vanguardia

Portada » Blog » NASA lanza el telescopio Roman: el “Hubble de gran angular” ya viaja a cazar energía oscura y mundos lejanos

NASA lanza el telescopio Roman: el “Hubble de gran angular” ya viaja a cazar energía oscura y mundos lejanos

Comparte:
👀 Esta nota ya la leyeron 60 personas
🟢 3 personas la están leyendo ahora

El 30 de agosto despegó desde Florida el observatorio espacial más ambicioso de la NASA desde el James Webb. A bordo de un Falcon Heavy, el telescopio Nancy Grace Roman inició un viaje de tres meses hacia un punto a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra. Su misión: cartografiar el universo a una velocidad mil veces mayor que la del Hubble y buscar decenas de miles de planetas fuera del Sistema Solar.

El domingo 30 de agosto de 2026, a las 7:26 de la mañana hora del este de Estados Unidos (8:26 en Argentina), un Falcon Heavy de SpaceX despegó desde la rampa 39A del Centro Espacial Kennedy, en Florida. En la punta del cohete viajaba el Telescopio Espacial Nancy Grace Roman, el nuevo observatorio insignia de la NASA. Treinta y un minutos después, la nave se separó de la etapa superior. Una hora y 23 minutos más tarde, el equipo confirmó el despliegue de los paneles solares y del parasol inferior. El lanzamiento ocurrió unos ocho meses antes de la fecha formal prevista para 2027.

Roman no es un telescopio “más potente” en el sentido habitual. Su espejo principal mide 2,4 metros, el mismo diámetro que el del Hubble. La diferencia está en el campo de visión: cada foto cubre un pedazo de cielo al menos 100 veces más grande que una imagen del Hubble o del James Webb, con una nitidez comparable. Si el Hubble y el Webb son teleobjetivos que estudian un rincón con detalle extremo, Roman es un gran angular de alta definición. Puede barrer el cielo unas mil veces más rápido que el Hubble.

Esa mirada amplia la habilita su instrumento principal, el Wide Field Instrument: una cámara infrarroja de 300 megapíxeles, armada con 18 detectores. El segundo instrumento es un coronógrafo experimental —unas “gafas de sol” internas— pensado para tapar el resplandor de una estrella y dejar ver planetas que orbitan a su alrededor. Nadie había enviado al espacio un sistema de este tipo con espejos deformables tan complejos. Si funciona, abre el camino a telescopios futuros capaces de fotografiar mundos del tamaño de la Tierra.

El observatorio no se quedará girando alrededor de la Tierra. Viaja hacia el segundo punto de Lagrange del sistema Sol-Tierra, el L2: una región a unos 1,5 millones de kilómetros en la dirección opuesta al Sol, donde las fuerzas gravitatorias se equilibran y una nave se mantiene con muy poco combustible. Allí ya opera el James Webb. El viaje dura unos 100 días. En ese tramo se encienden y calibran los instrumentos. NASA apunta a publicar las primeras imágenes a comienzos de 2027.

Hay tres frentes grandes. El primero es la energía oscura, la componente desconocida que acelera la expansión del universo y representa cerca del 70% de su contenido. Roman medirá miles de supernovas —estrellas que estallan— y la leve distorsión de la luz de galaxias lejanas causada por la materia oscura, para reconstruir cómo cambió esa expansión. El segundo es un censo de exoplanetas. Al observar el centro de la Vía Láctea aprovechará la microlente gravitacional: cuando una estrella pasa frente a otra, su gravedad actúa como una lupa y puede delatar planetas, incluso los fríos y lejanos que otros métodos casi no ven. NASA estima decenas de miles de mundos nuevos; en el escenario más generoso, hasta unos 100.000. El tercero es un mapa de mil millones de galaxias.

La misión primaria dura cinco años, con la meta de extenderla a diez. Cada día bajará unos 1,4 terabytes de datos —el mayor caudal de una misión de astrofísica de la NASA hasta ahora— y esa información será pública. La ESA participa como misión de oportunidad. Roman se suma a un trío de cartógrafos: el observatorio Vera C. Rubin, en Chile, y el telescopio espacial Euclid.

El nombre no es decorativo. Nancy Grace Roman (1925–2018) fue la primera jefa de astronomía de la NASA y la gestora que hizo posible el Hubble. Colegas la llamaron “la madre del Hubble”. El telescopio que ahora lleva su apellido hereda esa apuesta: poner un observatorio en el espacio para ver lo que la atmósfera no deja ver.

Por qué importa

Porque el 95% del universo —materia oscura más energía oscura— sigue sin mapa fino. Roman no “resuelve” esos misterios de un día para el otro, pero entrega el censo más amplio y homogéneo que hayamos tenido: supernovas, galaxias y planetas contados con la misma regla. Esa estadística es lo que permite distinguir teorías. El coronógrafo, además, es un ensayo: si logra fotografiar planetas gigantes lejos de su estrella, la siguiente generación podrá apuntar a mundos más parecidos al nuestro. Y hay un dato de gestión que la industria mira de cerca: un observatorio de unos 4.300 millones de dólares que despega meses antes de lo previsto.

Fuentes

Comparte:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *