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Astro Vanguardia

Un satélite de 5 centímetros: el PocketQube de la UTN Haedo sale rumbo al espacio

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Mañana, jueves 1 de octubre, está previsto que un cohete Falcon 9 de SpaceX despegue desde California con una carga récord de satélites chicos. Entre los pasajeros hay uno argentino, hecho en Haedo, que entra en la palma de la mano: un PocketQube de la Universidad Tecnológica Nacional.

Qué es un PocketQube

Los satélites pequeños más conocidos son los CubeSat, cubos de 10 centímetros por lado. El PocketQube es todavía más chico: su unidad básica mide 5 centímetros, un cubo de 50 milímetros, con aproximadamente un octavo del volumen de un CubeSat. La idea nació alrededor de 2009 en la Universidad Estatal de Morehead (Estados Unidos), bajo la dirección del profesor Bob Twiggs, con la consigna de tener un satélite “que entrara en un bolsillo”. El primero en volar fue el Beakersat-1, en noviembre de 2013.

Ser tan chico tiene una ventaja clave: se necesita menos material, menos potencia y componentes comerciales, así que el costo baja muchísimo. Por eso universidades y radioaficionados pueden hacer un satélite real sin presupuesto de agencia espacial.

El satélite de Haedo

El proyecto lo desarrolla el grupo SyCE (Simulación y Cálculo de Campos Electromagnéticos) de la Facultad Regional Haedo de la UTN, que dirige el ingeniero Cristian Arrieta, junto con la empresa argentina DIY Satélite, de Gustavo Carpignano. El convenio se firmó el 10 de septiembre de 2024 y el plan inicial era lanzarlo en junio de 2025. Esa fecha no se cumplió: en lo que pude consultar no hay registro del satélite en aquel vuelo.

La novedad es reciente. El boletín de AMSAT, la organización internacional de radioaficionados que siguen satélites, lista un UTNH-Sat: un PocketQube de la UTN Haedo, cuyo operador es el propio Carpignano, previsto en el lanzamiento compartido Transporter-18. Por institución, operador, formato y órbita todo indica que es el satélite del convenio de 2024, aunque la UTN lo llamó DIY-1 y no encontré una confirmación oficial de que sea el mismo nombre.

Qué va a hacer allá arriba

Según AMSAT, el satélite llevaría un contador de radiación con fines educativos, una baliza en código Morse (CW) y un servicio de “ping” con tecnología LoRa, un sistema de radio de bajo consumo: cualquier radioaficionado que le mande una consulta recibiría como respuesta su propio indicativo. Transmitiría en 436,850 MHz.

La parte científica se vincula con un problema real. En órbita, la electrónica recibe radiación asociada a la actividad solar y a la alta atmósfera, que la va degradando. Medirlo con un instrumento barato, repetible y en formato chico aporta datos para entender cuánto duran los componentes y cómo protegerlos. La UTN calcula que el satélite funcionaría entre dos y tres años, en una órbita casi polar a 500-600 kilómetros, y que pasaría unas cuatro veces por día sobre Argentina.

El viaje

Transporter-18 es un lanzamiento “rideshare”, es decir, compartido: SpaceX junta decenas de clientes en un solo cohete para repartir el costo. Según SpaceQ, despegará el 1 de octubre a las 11:18 hora del Pacífico (15:18 en Argentina) desde Vandenberg, California, con unas 130 cargas, y hay una oportunidad de respaldo el 2 de octubre. Los satélites se separan unos 55 a 59 minutos después del despegue.

Un detalle importante: el aviso de AMSAT indica que la coordinación de frecuencias ante la IARU (la entidad que evita que los satélites de radioaficionados se pisen entre sí) se pidió el 15 de septiembre y seguía en trámite. Por eso todavía no hay parámetros oficiales para seguir la señal, y conviene esperar confirmaciones antes de intentar escucharlo.

Por qué importa

Porque muestra un camino posible para la ingeniería argentina: con un satélite de bajo costo, una universidad pública y una empresa local se puede formar gente, probar hardware propio en el espacio y aportar datos de radiación útiles para cualquiera. También muestra que el calendario espacial es frágil: lo que se anunció para junio de 2025 llegó, si todo sale bien, en octubre de 2026. Y con los PocketQube, el espacio deja de ser territorio exclusivo de agencias y grandes empresas.

COLABORADOR: Thomas Orellana (estudiante de ingeniería aeroespacial en la Universidad Tecnológica Nacional, Facultad Regional Haedo).

Fuentes

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